¿Qué relación tienes con tu cuerpo?

Un niño en el parque

Acompañando un día a mi madre a sacar a nuestra mascota Laika al parque, vi un grupo de niños jugando con un balón. Podría decir que tenían diferentes edades, al menos por su estatura. Uno de ellos cayó sobre sus rodillas y sus manos. ¿Cuál fue su primera reacción? Buscar a alguien con su mirada. Al parecer, la madre de este niño se encontraba sentada cerca en una banca y cuando acudió le pregunto: ¿te golpeaste? ¿Dónde te golpeaste? ¿Te duele? Para entender ese comportamiento desde el psicoanálisis, realicemos una pequeña descripción del funcionamiento y composición de algunas partes del cuerpo humano.

El organismo, conjunto de diferentes células, tejidos, entre ellos los nervios, que reaccionan por reflejo a los diferentes estímulos como los cambios de temperatura, presión, entre otros, no requieren de un tercero para responder de manera consecuente a la excitación nerviosa y/o corpuscular. Es decir, si un receptor orgánico no tiene algún inconveniente anatómico o funcional será excitado con un estímulo específico de una fuente externa y como respuesta a esta excitación provocará una acción motora. Piénsese en una herida sufrida en la piel; al momento de desinfectarse esa herida para ser tratada, la reacción del organismo será retirar esa parte del cuerpo afectada de la fuente estimular como el agente químico utilizado o la fricción o rose con alguna tele para limpieza o vendaje, ya que, están siendo excitados los nociceptores de dolor ubicados en la dermis expuesta.

Varios estudios médicos han determinado que la ontogenia del sistema nociceptivo comienza a las siete y media semanas de gestación. El sistema receptor de dolor ¡se forma y desarrolla antes de nacer! Hasta los dos años, el organismo termina de desarrollarse completamente para recibir los estímulos nocivos y así poder responder para evitarlos o prevenirlos. El aprendizaje es pieza clave para que una persona estipule de manera orgánica y personal sus umbrales de dolor.

Ahora bien, volvamos con el niño del parque; puedo asegurarles que Laika estaba bien, corriendo y jugando con otros perros, bajo la supervisión de mi madre. Mientras, el niño, estupefacto ante las preguntas de la madre, no respondía. Desconcertada, la madre respondió a las preguntas que había dirigido en principio a su hijo diciendo: si te golpeaste, ¿verdad? Te pegaste en las rodillas y las manos, mira cómo las tienes de sucias. Te duelen las rodillitas, ¿cierto? Pobrecito mi niño.

Luego de estas palabras de su madre, el niño comenzó a llorar. Es legítimo preguntarnos si el sistema nociceptivo del menor tenía alguna anormalidad o si le hacía falta desarrollarse por completo. La respuesta a estos cuestionamientos es tranquilamente un no, pues, el estado de estupefacción del niño no indicaba tales inconvenientes orgánicos, por el contrario, una falla en el funcionamiento del sistema de recepción del dolor hace que una persona no se proteja ante cualquier caída. Por otra parte, también es legítimo señalar si en realidad no le dolió nada al niño, pero, de haber sido así, no hubiese llorado. No obstante, el llanto no estuvo presente hasta las aseveraciones de la madre. ¿Por qué?

Tres para un cuerpo

El cuerpo no sólo es un entramado anatomo-fisiológico que responde de manera automática y autónoma a los estímulos externos, además, es una composición imaginaria y simbólica que se retroalimenta constantemente del Otro y su mirada. La teorización de la pulsión en Freud y el establecimiento del estadio del espejo en Lacan, son demostraciones de la formación psíquica del cuerpo en cada sujeto. En suma, ambas fundamentaciones establecen la imperiosa necesidad de la presencia de un tercero para que un sujeto pueda reconocer y establecer la composición y límites espacio-temporales del cuerpo físico, así como la estructuración de la imagen mental que cada persona tiene de su cuerpo.

Es que, en la relación con el propio cuerpo hay alguien diferente a la persona, la mayor de las veces, para saber qué hacer con el cuerpo ¡para entender el cuerpo propio! Piénsese en el tratamiento del dolor. Todo procedimiento médico comienza por encontrar la fuente orgánica del dolor para luego realizar el tratamiento respectivo. Por esta razón, es importante tener un buen diagnóstico, es decir, para tener un tratamiento específico con las mínimas o nulas consecuencias secundarias. Sin embargo, hay situaciones en las que esta fuente orgánica de dolor o afectación no se encuentra.

El 30 de mayo de 2014, en un municipio de la Costa Caribe de Colombia, 15 estudiantes entre trece y quince años, sufrieron una parálisis en manos y piernas. La causa de estas afectaciones, según los padres de estas menores y algunos médicos, fue la vacuna contra el virus del papiloma humano, por otra parte, otros médicos, la mayoría en ese momento y el número sigue aumentando en la actualidad, piensan que tales alteraciones físicas fueron y siguen siendo fingidas. Sin pretender dar una conclusión o tesis definitiva a lo ocurrido en estas niñas, aquí podemos encontrar un ejemplo claro de la incógnita que puede generar los síntomas o alteraciones en el cuerpo sin poder contar con una explicación directa y completamente comprensible para todo público.

En 1910 Freud en su texto La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis, muestra que el funcionamiento orgánico, en este caso del ojo, no solamente está atado a su fisiología sino a la relación de la persona con lo que puede o no ver según sus perturbaciones inconscientes, las cuales, pueden llegar a generar cegueras momentáneas o permanentes.

Así como estos, hay muchos casos de perturbaciones psicógenas que dividen a la comunidad científica y a la comunidad común. Síntomas complejos que aparecen sin mayor explicación médica orgánica y, asimismo, se curan o desaparecen sin generar o dejar alguna secuela de la enfermedad o síndrome sufrido. Otros malestares físicos o corporales se mantienen en el tiempo, demostrando su fuerte anclaje o ligazón libidinal con ese tercero de su relación con su cuerpo. Lo que encontró Freud en algunos casos de perturbaciones físicas es que la explicación de fingimiento no es suficiente para entender que es lo que le sucede al cuerpo de estas personas y mucho menos les ayuda a esclarecer sus perturbaciones físicas. Lo salta a la vista en los casos e historiales de Freud es que siempre hay una extrañeza del comportamiento del propio cuerpo en estas personas afectadas de dolores, parálisis y alucinaciones.

¿Quién está en mi cuerpo?

Algunas películas de terror hacen uso de la extrañeza en el propio cuerpo para crear una atmósfera de invasión o malestar en el público. Las posesiones demoniaca o intrusiones de entes extracorporales son los elementos usados en los filmes como Alien, El exorcista o la ahora famosa película La sustancia. Todo en estas películas crean el escenario perfecto para asustar, producir terror, sin embargo, este terror no es el sobresalto efecto de la aparición inesperada. Freud define lo ominoso de la siguiente manera: “lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo” (Freud, 1919, P. 220).

Al menos, lo que respecta a la presencia del cuerpo en algunas películas de terror y sus posibles modificaciones producto de algo interior en él, traen de la fantasía o la imaginación la extrañeza que se tiene en el propio cuerpo y presentifica o representa en alguna entidad o parásito la tercerización que intentamos bosquejar en los anteriores apartados. El primer paso en el trabajo en análisis organiza y hace pregunta esta extrañeza, en este caso, con el propio cuerpo. La sensación no es suficiente para dar sentido a la incomodidad o malestar sufrido por un tiempo relativamente corto o largo más aún cuando a nivel orgánico todo se encuentra bien. Hace falta organizar los elementos que forman parte de la extrañeza con el cuerpo para lanzar una pregunta distante de la insistente inquietud que busca encontrar un origen físico u orgánico.

Uno de los primeros encuentros de Freud en la escucha de sus pacientes con estructura histérica fue que, las perturbaciones corporales eran síntoma de un conflicto inconsciente que se manifestaba en una relación lógica del cuerpo o una parte del cuerpo en un compromiso simbólico con una verdad sin acceso a un saber. La escucha en análisis permitió que el cuerpo dejará de ser el centro de esa verdad para ser parte del enigma que nutre e impulsa el deseo de saber, originado y original en el deseo del psicoanalista.

Ciertamente, al estar el cuerpo en el centro de la verdad, las exteriorizaciones o revelaciones que se muestran en uno o varios síntomas exponen una relación conflictiva que solicita de manera directa y obstinada ser escuchada para descifrar el enigma del que hace parte. Así, no solo el cuerpo entra en este entramado como síntoma por medio del dolor constante, también, interviene o se hace intervenir en comportamientos en los que la piel es la protagonista. El cuting es un modelo de la presencia de un síntoma que no ha podido ser escuchado y estructurado por medio de una pregunta. Asimismo, la escucha en análisis saca a la luz la invasión imaginaria y simbólica en el cuerpo de personas que buscan modificar su cuerpo para conseguir su “verdadero ser” y poder verlo reflejado en el espejo sin conseguir este esperado resultado después de varias intervenciones quirúrgicas.

Estos y otros fenómenos caracterizados por la repetición y persistencia del cuerpo como único mecanismo que tramita el malestar demuestran la extrañeza que habita en cada sujeto. Una habitación extranjera que certifica y permite la subjetividad de cada ser humano. De manera que, tales perturbaciones físicas y corporales son una muestra explícita de la extrañeza que toda persona siente y experimenta. Es la extimidad que Lacan destacó en el desciframiento del inconsciente señalando que el objeto del deseo que motiva la subjetividad se encuentra en una superficie abstracta que tiene un interior y un exterior al mismo tiempo. En otras palabras, aquello que se establece íntimo hace parte de lo exterior, lo externo, lo que está fuera del cuerpo propio y, de igual manera, eso externo, extraño y ajeno que interpela al sujeto hace parte de sí; son las palabras de esa madre que autenticaban la experiencia de su hijo como propias.

Referencias

Freud, S. (1894). Las neuropsicosis defensa. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores.

Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.

Freud, S. (1909 [1908]). La novela familiar de los neuróticos. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.

Freud, S. (1910 [1909]). Cinco conferencias sobre psicoanálisis (Vol. XI). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.

Freud, S., & Breuer, J. (1893-1895). Estudios sobre la histeria. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores.

Gómez, Y. (s.f.). El tiempo. Obtenido de https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16606101

Lacan, J. (1959-1960). Libro 7: La ética del psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Paidós.